sábado 15 de octubre de 2011

un poema de Luis Antonio de Villena



Mucho más triste que la muerte odiosa

Amante de la Muerte, enamorado feliz
del único reposo que habita en este mundo:
¡Sal, sal fuera, huye, escapa para siempre!
¿Cómo perseverar un año más?
Es muy duro
el camino, y no me gusta nada este universo.
Porque amo, y la mano parpadea en el aire.
Deseo, y el ansia no se transforma en cuerpos rubios.
Y caen mis párpados, porque no soy feliz
apenas nunca, y pesa extrañamente la melancolía.
Yo huiría de aquí, no me veríais nunca,
gritaría ¡fuego!, ¡fuego! Y cerrando el telón
me pondría un vestido verde, como de escamas
de otro mundo. Porque he querido ser un rey
que cena antes de la guillotina; un frívolo
galán bajo un baile de arañas, y un hermoso
muchacho cuya vida es de amor y de lujo.
Pero ninguno he sido. Es muy arduo vivir.
Y ningún futuro (ninguno) es elegante o digno.

viernes 12 de agosto de 2011

Otra equivocación........este país, este gobierno ¿De verdad estamos tan solos?

Lamentable este suceso, más lamentable aún, que en nuestro país pretendamos que todo está en calma, ojalá y pronto  seamos un pueblo que levante la voz como lo hacen otros pueblos ...

Antonia Cuevas

 

Compañer@s, paisan@s, amig@s:

Reciban un cordial saludo. Les pido su apoyo para difundir esta noticia que pone al descubierto una vez más el clima de violencia que vivimos en el país, una violencia inaceptable, sobre todo, porque proviene en los más de los casos de las mismas "autoridades" e "instituciones" gubernamentales de este país. Al respecto, la madrugada de ayer la PFP irrumpió en la casa del poeta Efraín Bartolomé, ubicada al sur de la Ciudad de México, y tanto él como su esposa fueron "interrogados" por los casi 20 federales cubiertos con pasamontañas que buscaban "armas". Al respecto, el poeta Efraín Bartolomé fue entrevistado la mañana de hoy por la periodista Carmen Aristegui en su programa de radio. Líneas abajo está el texto que escribió el poeta Efraín Bartolomé en el que narra los hechos. Pido su ayuda para difundir el testimonio de esta infamia y anexo algunos links que hacen eco de la noticia.

Fraternalmente,

                          Balam

Efraín Bartolomé

¿DE VERDAD ESTAMOS TAN SOLOS?
Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.
Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa
ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, D. F.
Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica
y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.
Prendí la luz.
Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.
Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo:
hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?)
 acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.
Mi mujer me gritó que me metiera.
Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.
Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.
“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran
a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.
Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato
que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.
Mi mujer está llamando a la policía.
Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.
Yo sigo soplando el silbato con desesperación.
En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras
oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.
¿Tres, cuatro, cinco?
Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.
Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.
“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada...!”
gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.
Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.
Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.
“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”
Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.
Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.
Me quita el silbato.
−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.
−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.
Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.
Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.
Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.
Aquí...
Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto,
con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.
Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.
Dos más permanecen en la puerta.
− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!
− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.
− ¡A qué se dedica!”
−Soy psicoterapeuta y escribo libros.
−¿Desde cuándo vive aquí?
− Desde hace treinta años...
−Cómo se llama.
−Efraín Bartolomé.
−Cuántos años tiene.
−60.
−A qué se dedica.
−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.
−Usted cómo se llama... –se dirige a mi mujer.
−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.
−A qué se dedica.
−Soy arqueóloga y ama de casa.
−Cuántos años tiene.
−54.
−Tranquilos. Respiren profundo... Voy a verificar los datos.
El hombre sale.
Oigo ruidos en toda la casa.
Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.
Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.
Nos cambiamos de posición.
Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.
Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.
Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.
Respondemos a todo brevemente.
Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.
El tiempo pasa.
Oímos que abren nuestro carro en el garage.
Voces ininteligibles en el patio del norte.
Más tiempo.
Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.
Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.
Comenzamos a movernos.
Sólo silencio.
Nos incorporamos con cierto temor.
Salimos del baño hacia la recámara iluminada.
Desorden.
Cajones abiertos.
Cosas volcadas en el buró.
La chapa de la puerta en el suelo.
Restos de la tranca destrozada.
La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.
Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.
Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.
Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.
La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara:
la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.
Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.
Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.
Nada.
Mi mujer llama por segunda vez a la policía.
Es en vano: piden los datos una vez más.
Dicen que ya enviaron una unidad.
Llego a la barda y me asomo: no hay carros.
El portón del garage está intacto.
Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.
El estudio de abajo está con las luces prendidas.
De por sí desordenado, ahora lo está más.
Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo,
cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.
Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.
Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.
En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.
Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.
“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.
También se la llevaron
Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional
que me acompañó por casi cuarenta años.
Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.
Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.
Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.
Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.
Indefensión.
Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.
Se asoma y regresa.
Lo saludo y responde.
Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga
que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.
Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.
Magaña, responde el joven.
¡Es Paty!, dice mi mujer.
Salimos a la calle y voy hacia allá.
Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.
Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.
Patricia y su hija estaban solas.
Sus padres octogenarios también estaban solos.
Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.
Atranco la destruida puerta de la calle.
Con todo, mantenemos una sorprendente calma.
“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.
Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.
¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?
¿Lo sabe Marcelo Ebrard?
¿Lo sabe el procurador Mancera?
¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?
¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?
Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa
y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.
Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa,
 quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad,
nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos...
Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.
Subo al estudio a escribir esto.
Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.
Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.
Son ya las 6:35 de la mañana.
La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.
La policía nunca llegó.
¿De verdad estamos tan solos?








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martes 9 de agosto de 2011

poema de Alejandra Pizarnik

Más allá del olvido

alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor

Alejandra Pizarnik 

domingo 7 de agosto de 2011

presentación Del Audiocuento Abundio y su musa De la Escritora Pilar





¿Cómo acercamos el público a un creador? Es una pregunta que probablemente no sea posible responder por que no hay fórmula para tal suceso.
Recibí el Libro Abundio y su Musa, y ,como un reflejo lo primero que hice fue leer la contraportada.  textualmente se puede leer…audio-cuento para niños titulado Abundio y su musa… Cuéntame de Abundio Martínez. Creí al principio que se trataba sólo de la narración ilustrada de la vida de Abundio Martínez. Pero casi siempre son gratas las sorpresas.
Cierto es lo que dice la poeta en el libro, Abundio, una orquesta en las manos de tu padre te construyó alas de miel en la espalda. y acá llega la historia, sin embargo la historia no es sólo una fuerza natural o un suceso natural cuyo rumbo avance sólo al margen de la conducta del hombre, o una secuencia de sucesos en un periodo de tiempo, no, es más que eso: es el acontecimiento mismo y la huella que este impregne en la memoria. Y éste compositor hidalguense dejó su huella, que se ha ido desgastando, o que se haya permitido olvidarlo es otra cosa, sin embargo es el caso de muchos creadores mexicanos. Quizá sea que el dicho  popular sea certero, y nadie sea profeta en su tierra.
Sé de Abundio Martínez, por otras lecturas , de su riqueza creativa y de su profunda miseria y al imaginarlo a él uno puede ver el rostro oculto de México. Compositor Mexicano, pianista, instrumentista, ejecutante en todo instrumento músico, inspirado hasta hacer creer en la gracia de Dios, apasionado en los arrebatos líricos de su corazón, como si tuviera en el pecho una nidada de ruiseñores, reconcentrado, triste , fecundo, original,  tierno, intuitivo, pobre, sobrio, místico, lo describe así Julio Sesto en su Bohemia de la muerte, y es que la vida entera de Abundio fue de por sí una obra plagada de anécdotas y adjetivos    
Lo describen como una persona físicamente fea, pero esa fealdad fue incomparable con la belleza de su alma y su capacidad creativa. El maestro creía que los espíritus antiguos lo ayudaban o lo inspiraban al momento de crear, principalmente el espíritu de su padre y esta creencia del compositor la retrata acertadamente Pilar en su libro cuando leemos Ecos de otros mundos Soy un niño solitario/por eso platico con mis voces./Me miro y reconozco en la cara de mi padre/Él es lo que seré,/yo soy lo que él fue./ Me evoco en su cara de indio Marginado/y acallo su dolor con un vals enamorado.
Como mantener atrapado un colibrí en una jaula, Abundio Martínez permaneció prisionero de la pobreza, mejor dicho de la miseria. No le valió dedicarle en aquel tiempo un vals al Presidente Don Porfirio Díaz, y otro a Doña Carmen Romero Rubio de Díaz, ninguno de los dos hizo caso del autor y eso que se trataba del Vals Arpa de Oro y en Alta mar, ambos grandes composiciones. Sólo recibió una felicitación del presidente la noche del 15 de septiembre, después del estreno del vals, es penoso reconocerlo pero de felicitaciones nadie sobrevive.
Sin embargo también es cierto que los grandes hombres perviven a cualquier época y es el caso de Abundio, que con su música puede volvernos al pasado, y es loable también el hecho de que las instituciones y los investigadores, escritores y poetas volteen al pasado y con sus palabras como alas rescaten la historia y  a otros creadores del olvido.
Es difícil que actualmente se escuchen valses, ya que estamos invadidos de música y tecnología, pero este libro que nos presenta Pilar y que es por demás mencionar está bellamente ilustrado, es una excelente manera de acercar al publico infantil, a esta parte de México que muchos desconocemos, las historias de hombres ilustres que han construido a su vez nuestra historia. 
Antonia Cuevas

martes 26 de abril de 2011

Un Poema de................

LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir 
en cuerpo y alma 
partir. 

Partir 
deshacerse de las miradas 
piedras opresoras 
que duermen en la garganta. 

He de partir 
no más inercia bajo el sol 
no más sangre anonadada 
no más fila para morir. 

He de partir 

Pero arremete ¡viajera! 



 Poema de :Alejandra Pizarnik

sábado 30 de octubre de 2010

Taller de artes plásticas del Mtro Cesar Blancas






La muerte nos pela los dientes.... hasta que nos alcanza

Calaveras 2011

A todos los lectores de Alas de Colibrì un saludo, una felicitación y un abrazo virtual -que desearía fuera un virtual abrazo, es decir, en persona.

Como saben, para el mexicano la muerte es sinónimo de fiesta, cuyas raíces míticas y religiosas subyacen en nuestra memoria indígena, aunque intentemos de pronto olvidarnos de ello.

Acto pagano, la fiesta de los muertos es un ritual de sonidos, olores, formas y colores que se expanden y se enriquecen luego del encuentro con Europa a través de España.

El festejo a los difuntos es un caminar por la memoria, pero también es el rito que nos acerca a la nada de donde venimos y a donde habremos de retornar.

Muerte y vida es lo mismo; ambos conceptos son el eco eterno, constante e intrínseco del ser humano. Por eso hay que vivir muriendo y morirse por vivir.

Una de las formas muy mexicanas de festejar estos días es haciendo “calaveras”, por eso envío la siguiente dedicada a la titular de esta página.

A la poeta Toña Cuevas
la muerte ya la rondaba
y ella en ofrenda cantaba
algunas canciones nuevas
que se escuchaban a leguas.
Cuando la ventana abrí
brincó solfeante un cri-cri   
y la flaca, aprovechando,
se llevó a Toña volando
en Alas de colibrí.
 
Reciban, en verdad, un gran y cálido abrazo.

Omar Roldán.

viernes 23 de julio de 2010

Omar Roldán .........Del viento y la Mirada



Es para mi un honor y un placer compartir con ustedes esta noticia. Recientemente Omar Roldán presentó su poemario Del viento y la mirada (libro Publicado por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo). La presentación se llevó a cabo en la Feria del libro Infantil y Juvenil de Pachuca Hidalgo.

Quizá una de las tareas del poeta es resucitar mitos, En este poemario"Del viento y la mirada" Omar Roldán se da a la tarea de hacerlo. Recurre a los mitos de la cotidianidad “. Podemos palpar en cada uno de los versos, los olores y las formas de lo cotidiano, el deseo por el ser amado, la otredad que se despierta con el transcurso del tiempo. Y sin embargo a decir de Octavio Paz  “Lo distintivo del lenguaje es el significado. …” . Omar en este libro, otorga un significado distinto a cada  instante. Su poesía no está ungida de soberbia, pero si podemos notar en ella el trazo del oficio.

Hallé  sobre la mesa de cocina
restos de pan tostado
impregnados de olivo
y en el aire rescoldos de aroma de café.
En un traste mi último poema
sazonado con ajo, albahaca y miel,
y en el radio a Sabina.
De tí sólo encontré
una boca pintada en el espejo
y un te deseo suerte
mal escrito.
En la cama revuelta
tu atrapada figura
y ese olor a guayaba de tu axila.
Era marzo tal vez.


Quiero pensar que la poesía de Omar Roldán es “alquimia de palabras” cuya magia atrapa y transporta, como una forma de volar por encima del tiempo y de la vida y observar desde arriba con la intención de cazar cada detalle.

 Algo pasa en el viento
que se lleva los días.
Comprendo 
el cúmulo de horas que soy,
pequeño si se compara
digamos con el mar.


“La poesía ilumina no poco de aquella oculta profundidad esencial de nuestra existencia” dice Pfeiffer (en ello radica su verosimilitud). La poesía está iluminada directamente por la forma que cada poeta tiene de plasmar (he ahí el porqué de su belleza). la verdadera poesía no es veraz en el sentido intelectual, ni es bella en el sentido artesanal, sino por el hecho de concebirse bellamente; en ese sentido creo la poesía es también una manera de apoderarse de la verdad”. 
Omar  Roldán se apodera de los instantes y  los esculpe con palabras en cada uno de sus poemas y podemos mirar claramente, la “ ciudad ráfaga de voces”, o "la noche de ojos color humo forjado" y cualquier otro momento a través de la lectura de su poemario "Del Viento y la mirada.